jueves, 7 de febrero de 2013

El agua mojó la yerba, tuvieron cuidado de que no inundarla para no arruinar su mate matutino. No lo toman ni con azúcar ni edulcorante, amargo. Amargo como el sabor de un amor fallido, como ver a un amante partir. Amargo como las lágrimas que saltan a escondidas y como el fin de la dulzura. Sintieron el tiempo pasar y fue lento, fue doloroso y curador a la vez. El sol atacaba a la hiedra. Esta estaba verde en sus raíces pero no lograba enredarse en las verjas y vestir la pared de verde. Sus extremos estaban completamente secos. Pronto sus ojos formarían parte del firmamento y ellos dormirían abrazados. Esa noche florecerían, todas las flores que no pudieron crecer sobre sus cabezas y la hiedra se enverdecería. Bajarían 2 colibríes a sus oídos y le cantarían dulces melodías en sus pechos. Ellos enlazarán sus brazos y serán eternamente uno. Descansa en paz cara quemada. Te amamos

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