Las hojas aquel otoño no fueron levantadas, quedaron en el suelo, inertes en la interperie. Con el tiempo se oscurecieron y sus preciosos colores estacionales se convirtieron en negro, gastado y olvidado.
Las lluvias castigaron a los pequeños y melancólicos personajes, convirtiéndose en una sola masa mohosa y pegajosa. Una razón de arcada para la sociedad, razón por la cual nadie la siguió levantando.
Las gotas caen una por una, sucias de smog del palacio de cemento frío. Caen sobre la espalda de las sucias ranas que se convirtieron las olvidadas hojas del otoño. Seres aborrecidos, relacionados con el mal y sus verrugas cuentan cada historia de amor no correspondido, guerras, lágrimas de niños.
Ellas lloran porque el fin del día se acerca, pueden ver la neblina colorada próxima. El ocaso está pronto. Y ellas son el claro reflejo del olvido, olvido que ocurre sólo en este bosque. Bosque casi muerto, fantasmagórico. A través de las ramas rotas y troncos caídos se divisa una palacio gris y sucio, sin forma y transgresor.
Las ranas siguen llorando pero nadie las oye.
jueves, 8 de marzo de 2012
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Las ranas deciden viajar a la ciudad, donde creen que olvidarán aquellas imágenes agonizantes que quedaron grabadas en sus memorias como marcas de fuego.
ResponderEliminar¿Pero serán sus motores lo suficientemente aptos para completar su viaje? ¿O quizá a mitad de trayecto voltearán para encarar el sur, el punto de partida, excusados y enceguecidos en una nostalgia dulce pero comprometedora?
He ahí las ranas conocieron a "la elección".
Las ranas escapan porque son las denigradas sociales, pero aunque escapen y tenga la opción de elegir, en sus manchas queda la peste. Peste que tapamos, peste que mentimos, pero peste al fin :3
ResponderEliminar(Te adoro más que la luna al sol y extraño, falta poco para vernos wiiii)