De repente, aparece una propuesta a salir, una propuesta amorosa (por así decirlo) o algo, no quería volver. Quería ver hasta dónde llegaba, hasta dónde me llevaría todo eso. No sé si me llevó a algo o no, no sé si realmente me moví de mi peldaño, si tomé los riesgos que creí haber tomado, si cambié la timidez. Pero en este preciso momento, con la cabeza más clara, no siendo tan dramático, siendo un poco mas neutral, con una idea mejor del panorama (en todo sentido, desde las responsabilidades, hasta las tonteras "amorosas") siento que estoy listo para volver. Listo para volver a casa, a abrazar a mi gata Agatha Mathilda Cookie Kex (amo su nombre), listo para tirarme en mi cama, ordenar mi cuarto, ver a mis amigos. Listo para volver a coro. Es un pequeño grado de madurez viajístico como por así decirlo. Y dentro de un mes, cuando tenga que volver a acá por siempre, imagino que voy a estar listo mentalmente para establecerme y dejar que todo fluya, por así decirlo.
(Me encanta esto, es como Vespertine. Cuento algo muy profundo, pero al mismo tiempo no. Es mío, sólo mío)

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