jueves, 22 de diciembre de 2011

Con el alcohol en mi sangre, vuelvo a mi hogar. El auto es un nave y vuelo, las personas a mi alrededor son aves. El viento sopla mi rostro y refresca mi somnolencia. El cielo está lleno de celeste, morado, vainilla y anaranjado. Las nubes transformadas por esos colores. Y yo estoy ahí, en el cielo. Soy un ave más. Cada parpadeo es un color nuevo y cada color un latido. Mi cama es una nube y el calor es el sol.
Despertarse al otro día, ya en la Tierra, es muy decepcionante.

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